El terrible proceso y el comienzo

26 Ago

Esperaba ver esta página cubierta de palabras, una multitud de letras firmes esperando refuerzos; pensé en ser guiado y en tener un punto de partida para continuar escribiendo, más sin embargo, ahora me doy cuenta que ahí nunca han estado para mi esas palabras.
Los escultores más románticos hablan de que su obra está allí, que la escultura se encuentra escondida en el material base y que solo espera la paciente mano que limpie el exceso para que esta pueda asomarse. La experiencia me dicta que poco o nada de la literatura se encuentra en donde ha de plasmarse, por el contrario el escribir de verdad es una sangrienta lucha del ser, en donde hay que viajar dentro de uno mismo y perseguir las palabras para hacerlas salir con sumo cuidado y validar su intención.
Me siento como alguien más, me siento sublime y vacío, incompleto, distinto, como ha de sentirse la gente que nunca han sido yo y que solo son aquellos; esos que simplemente existen.
Parece que me han arrancado algo y no han dejado otra cosa que un vacío de sentimientos, una laguna fría y obsidiana que en su neutralidad es implacable y dominante, tan pacifica es que consume todo en su tranquilidad atroz.
El entumecimiento se asienta, acción afirmativa no de soledad si no de aceptación fatalista, una mirada muerta al espejo que más que reflejarme, refleja al mundo a mi espalda y me permite observar con indiferencia el fruto de sus eras. Ambos pies en la barca, el crujir de la madera y el vaho frio se arremolina en un perfecto caos frente a mi rostro.
Es un proceso indetenible, tácito y familiar, no por su cotidianidad sino más bien por lo natural que se desarrolla, por el flujo de su forma y esa maldita capacidad sedativa de su épico silencio. Con ojos cerrados nos hacemos frente a un mundo en el que para muchos hay que hacerse un espacio con las uñas, el sudor y la sangre; de la misma manera –con ojos cerrados- nos embarcamos en la causa sin ilusión ni tenacidad, un porqué irrelevante.
Me encuentro ahora echado en la barca mirando el manto de plata sobre el cielo, mi mano sale por un costado y mis dedos se encuentran tiernamente sumergidos en el negro espejo que ya no veo; el agua de obsidiana tiene un frio que va más allá de la falta de la temperatura, no me hace tiritar y tampoco me causa dolor, no es fruto del desasosiego, no me atormenta ni me acosa, solo existe para dar sentido a la existencia de mi barca, es una estúpida metáfora que aguanta otra metáfora aún más estúpida a esta ultima –la barca- aún lo le encuentro significado ni intención, tal vez no es una metáfora sino más bien otro recurso literario para dar pie a esa imagen deprimente y cliché que acabo de describir: Indiferencia, reproche, melancolía, vacío y una paz asesina.
Ahora entiendo porqué hacemos la guerra, en su horripilante rostro, en su agonizante martirio público encontramos aquello que no vemos –por elección propia tal vez- a diario. Al causar dolor y al injuriar, añoramos los días tranquilos, añoramos el amor ágape y fraternal.
Un juego de fútbol, un programa de televisión, la cena caliente en la mesa. Bajo fuego nos acordamos del hogar, de las cosas buenas; aún la luz más tenue es un fulgor divino en las sombras.
Solo al matar millones de judíos nos dimos cuenta de lo valioso que es la dignidad del hombre, cuando revolucionamos la cultura china, aprendimos a apreciar el arte y la expresión; cuando soltamos la bomba, vimos lo bueno que es estar libres de radiación.
Mientras más atroz sea el crimen en el periódico, más maravilloso es el poder despertar al día siguiente sabiendo que no te tocó a ti. No es un simple consuelo vulgar. Decir “hay gente que está peor” es el pecado entre los pecados ¿Quién si no un monstruo sádico encuentra bálsamo en tal pensamiento? ¡No, que va!
Entre la mierda y la podredumbre, la sangre y la desdicha, brilla el arte en su ímpetu.
Es todo cuestión de la forma más intrínseca de percibir la realidad, el punto en el que todos acordamos inconscientemente. Algo es lo que es al compararlo con lo otro, un circulo es tal al compararlo con un cuadrado, en un mundo de círculos no hay círculos porque todo es igual; no existen puntos de referencia ni detractores de la norma, sin un opuesto (o un disímil) ¿Cómo sabemos que un circulo es un circulo? No hay un no-circulo, tal vez hay características para la definición de lo que es un círculo, mas sin embargo si no existe un ente atípico conocido en el ambiente que escape a las propiedades, entonces la definición pasa a ser infecunda, sin propósito ni motivo.
Por lo tanto en un mundo exclusivo de círculos, no hay tal cosa pues no se puede medir ni comparar con otra cosa.
Entonces el punto pasa más allá de la definición, sabemos que algo es real, no porque podamos experimentarlo, sino más bien porque existe otra experiencia que sirve como instrumento de medición y comparación. Existe porque se puede hacer ciencia con ello “Primero hago ciencia, luego existo.”
Cuando acabamos de comprender el procedimiento cognoscitivo que implica el existir, entonces aplicamos la misma fórmula al sentir. No al sentir del hambre o del sueño, eso es un procedimiento innato, celular, reptiliano; al sentir emocional. Me perdonan el segmento anecdótico y de violencia gratuita que sigue pero va muy bien con el punto.
Hace poco leía una noticia absurda de cómo fue capturado un hombre que mató al nieto de su novia (sin entrar en detalles aquí). El hijo de puta en cuestión –y disculpan el lenguaje dominical- fue aprehendido tras raptar, torturar, violar, asesinar y posteriormente desechar en una cloaca a un niño inocente de apenas tres años que era nieto de quien fuera en su momento su novia.
Digamos entonces que la familia de la víctima es nuestro grupo de sujetos de prueba en un experimento científico del comportamiento humano.
Primero tenemos al grupo de control quien será la familia que vive al lado de mi casa, una familia pequeña que puede definirse como feliz: un grupo de personas saludables donde existe amor de hogar y todo eso; esta familia no ha estado expuesta a graves tragedias personales o de otro tipo recientemente y viven una vida prácticamente normal.
Segundo tenemos al gro de prueba, la familia de la victima ya descrita previamente. Esta familia asumimos, es como cualquier otra, con sus particularidades y rarezas pero relativamente normal. Tomamos nota de su estado actual y podemos observar que a pesar de sus distintivos, es una familia cualquiera con cierto grado de felicidad apreciable y que se asemeja en los puntos clave, al grupo de control.
Muy bien ¿todos nos siguen?
Ahora procedemos con el experimento: Introducimos un elemento de caos capaz de causar sufrimiento en nuestro grupo de prueba; un hombre resentido, ignominioso y virulento que ha de raptar, torturar, violar, asesinar y posteriormente desechar en una cloaca a un niño inocente de apenas tres años perteneciente al grupo familiar de prueba.
Ahora notamos un cambio trascendental en el comportamiento y el estado de ánimo de nuestro grupo de prueba, simplemente puesto, ha dejado de ser una familia feliz y ahora es un conjunto de seres desdichados y acosados por la miseria de la tragedia que les ha caído encima. En comparación con su estado anterior a la introducción del elemento caótico en su ambiente, el grupo de prueba está visiblemente deprimido y se describen a si mismos como devastados y heridos, su estado ha cambiado en respuesta y ahora se encuentra en un punto negativo en la escala de la felicidad que acabamos de inventar..
Mientras tanto, podemos apreciar que el grupo de control se mantiene aún en su estado natural.
¿Pero cuál es el propósito de toda esta retahíla de barbaridades pseudocientíficas? Estimado lector, usted acaba de presenciar el origen de la felicidad.
Cuando la familia de prueba experimentó el sufrimiento, descubrieron que ya no se encontraban igual que antes. Claro, sabemos de antemano que lo que esa gente está viviendo es una pérdida absoluta de la felicidad, ellos ahora están tristes. Sin embargo ¿cómo saben ellos que están tristes? Usted sabe el cómo, mas créame que ha olvidado el porqué.
Cuando somos verdaderamente miserables es cuando podemos darnos cuenta que fuimos en algún momento verdadera mente felices. Solo se extraña el ver si alguna vez no fuimos ciegos , usted busque el ejemplo que le parezca mejor, el punto queda probado que solo mediante la experimentación de dos opuestos (o disímiles) es que podemos definir y por lo tanto es que podemos aceptar una realidad.
Pero la intención de este texto masturbatorio-epistolar no es el de alimentar el ego del autor mediante el derroche gratuito de la verborrea hecha tipografía y el aparentemente inhumano trato ante la miseria ajena, no, nada tan banal. Y que quede claro que no hay maldad ni propósito de objetivar el sufrimiento, no hay tampoco falta de respeto intencional implícita.
Cuando se sabe que se es feliz porque se fue miserable, cuando se es miserable porque se puede ser feliz entonces uno deja de preguntarse el porqué. Sin embargo hay un punto muerto que cae entre las dos experiencias, algo que se siente y que aún con que compararle y medirle, es difícil de definir; por lo tanto también es difícil decir si es real o no.
Pudiendo estar feliz pero no se está, pudiendo ser miserable pero no se es ¿Entonces que se experimenta? ¿Qué es esta nueva sensación que jamás habrá sentido el autor en la vida? ¿Habrá muerto por fin? Todas sus reacciones parecían orquestadas, sus sentimientos programados
Hace poco, el autor si hizo estas preguntas y a la final quedó insatisfecho, vivió por el curso de varios días un estado de completa sobriedad a tal punto que dejó de percibir la realidad como una serie de experiencias y más como una presentación de diapositivas frente a una pantalla que contenían algoritmos lógicos. Ajeno a toda subjetividad, -inclusive la propia- ¿habrá vislumbrado el autor la iluminación que tanto persiguen los religiosos? ¿y si es así, vio algo que valía la pena alcanzar? Lo cierto es que el autor no sobrevivió al incidente, por lo menos no de manera tradicional.
Al momento de lo ocurrido, si el autor hubiera creído en que tenía un alma, este hubiera también creído que le fue arrancada y que solo quedaba la carcasa celular y los procesos neurológicos que regulan las funciones de la misma.

¿Alguna vez ha estado usted, lector, ausente de toda percepción subjetiva?

Y si se pregunta usted si al autor le paso una tragedia horrible, o que una mujer le rompió el corazón o que le despidieron del trabajo o que experimentó con algún agente psicotrópico, pues está usted equivocado. El autor se despertó una mañana y se dio cuenta que ya no era el mismo, así sin más. Se despertó siendo alguien extraño, en el cuerpo de otro alguien extraño. Y es así como comienza esto, con un hombre que murió y otro, quien toma su lugar, un hombre al cual aún no conocemos, cabe admitir.

Hello world!

26 Ago

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